Por: Manel González
La sólida posición de Chile como uno de los grandes tótems agroalimentarios del mundo se debe en gran medida a su actual dominio agroexportador. No en vano, se trata de la mayor suministradora de fruta fresca del hemisferio sur y viene de batir en enero su récord histórico de exportaciones de bienes en un primer mes del año con 10.680 millones de dólares gracias a los 1.771 millones que registró el sector frutícola. Por cultivos, sigue liderando la cereza e irrumpe con fuerza el avellano europeo. La uva de mesa se contrae hasta pero aumenta su valor gracias a la reconversión varietal y al uso intensivo de soluciones de fertirrigación y bioestimulantes. El mercado chileno de bioinsumos se estima ya en 150 millones de dólares.
Chile exportó 3.046.604 toneladas de fruta fresca en 2025, un 18% más que el año anterior según datos de la Southern Hemisphere Fruit Alliance, por un valor que superó los 8.600 millones de dólares. Estas cifras siguen posicionando al país como el mayor exportador de fruta fresca de la mitad sur del planeta. En lo más alto del podio continúa la cereza, el producto estrella, con 625.246 toneladas exportadas en la temporada 2024-25, lo que representa un crecimiento del 51% con respecto al año anterior y del 15% sobre la media de los últimos cinco años. Le siguen la uva de mesa (556.968 toneladas, +5% interanual) y las manzanas (585.210 toneladas, +12% interanual).
Tras todos estos números subyace una metamorfosis sigilosa pero contundente tanto en la configuración de los cultivos como en las tecnologías de producción, tal y como nos cuentan -y coinciden- actores relevantes del agro chileno. Según Daniela Acuña, directora nacional subrogante de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA), dependiente del Ministerio de Agricultura de Chile, “la transformación de la fruticultura chilena hacia sistemas de mayor valor agregado y sofisticación también ha generado cambios relevantes en manejo agronómico, uso de tecnologías y estrategias de nutrición vegetal. En producciones orientadas a exportación existe una creciente necesidad de mayor precisión en aplicación de agua y nutrientes, especialmente en escenarios de restricción hídrica y mayores exigencias de calidad e inocuidad por parte de los mercados internacionales”.
Mapa actual de cultivos
A tenor de los datos más actualizados de los catastros frutícolas del ODEPA, la superficie de cerezo en Chile alcanza las 77.766 hectáreas, concentradas en las regiones de Maule (42,2%) y O’Higgins (38,5%). El avellano europeo, el cultivo sorpresa ‘inesperado’, suma ya 49.264 hectáreas, distribuidas principalmente en Maule (44,4%), La Araucanía (19,8%) y Ñuble (18%). El nogal se mantiene en 41.722 hectáreas, con fuerte presencia en la Región Metropolitana (34,2%), Maule (22,5%) y O’Higgins (17,6%). El aguacate ocupa 32.918 hectáreas, de las cuales el 61,5% se concentra en la Región de Valparaíso.
Por el contrario, la uva de mesa ha reducido su superficie a 31.326 hectáreas, pero mantiene su relevancia gracias a la reconversión varietal. Las regiones productoras son O’Higgins (28,5%), Valparaíso (23,9%), Atacama (16,9%) y Coquimbo (16,5%). El arándano, por su parte, suma 14.020 hectáreas, con una distribución más austral: Maule (31,6%), Ñuble (23%), La Araucanía (11,7%), Biobío (11,5%) y Los Ríos (10,3%).
Francisco Contardo, director ejecutivo de la Fundación de Comunicaciones, Capacitación y Cultura del Agro (FUCOA), también dependiente del Ministerio de Agricultura, apunta que “Chile tiene una gran ventaja en la contraestación para nuestra agricultura con respecto al hemisferio norte. Ello genera un gran potencial para las exportaciones frutícolas. […] También los agricultores están poniendo los ojos en otros frutos, que están creciendo con fuerza. El caso del avellano europeo cultivado en Chile impacta. El país cuenta con condiciones edafoclimáticas positivas para su cultivo en gran parte del territorio. […] En 2025, el mercado mundial de avellanas se estima en 12.300 millones de dólares; un mercado donde Turquía, Italia y Estados Unidos son los mayores productores, y donde Chile ya emerge como el segundo mayor exportador, tras Turquía”.
De hecho, la superficie del avellano europeo ha crecido un 174% en cinco años, desde las 18.000 hectáreas de 2019 hasta las mencionadas 49.264 hectáreas actuales. Grandes compañías procesadoras internacionales, como el grupo Ferrero a través de su filial AgriChile, han iniciado operaciones en el país atraídas por la posibilidad de cultivar a gran escala y de manera mecanizada en un modelo muy distinto al de los productores tradicionales turcos.
Riego eficiente: liderazgo sin discusión del riego por goteo
Según el VIII Censo Nacional Agropecuario y Forestal, la superficie agrícola bajo riego en Chile se sitúa en la horquilla de las 785.000 a las 902.000 hectáreas, dependiendo de la metodología de estudio. En este contexto, el país presenta “uno de los mayores niveles de adopción de tecnologías de riego eficiente de América Latina”, en palabras del director ejecutivo de la Asociación Gremial de Riego y Drenaje (AGRYD), José Miguel Morán Messen. Y se puede considerar que el riego por goteo es el pilar que sostiene la nutrición de precisión en el país: “Cerca de 331.000 ha utilizan sistemas de microirrigación y aproximadamente 299.000 ha corresponden específicamente a riego por goteo o cinta, representando más del 90% de toda la superficie bajo microirrigación del país”. Este dominio del riego por goteo tiene, para Morán Messen, su explicación directa en el desarrollo de la fruticultura de exportación, “donde la eficiencia en el uso del agua, la uniformidad de aplicación y la posibilidad de incorporar fertirrigación de precisión constituyen factores esenciales para la competitividad”.
A ello parecen contribuir los esfuerzos de las políticas públicas más recientes en materia de riego. Según Jorge Marín, asesor de la dirección ejecutiva de la Comisión Nacional de Riego, los planes del Gobierno actual están centrados “en avanzar hacia una seguridad hídrica estructural, en donde el riego es un pilar estructural. […] Respecto del fertirriego, si bien la Ley de Riego está enfocada principalmente en eficiencia hídrica, muchos de los proyectos de tecnificación apoyados por nuestra Comisión permiten incorporar soluciones de fertirrigación de precisión, sensores y automatización, particularmente en sistemas de riego presurizado”.
“Cultivos como cerezo, avellano europeo y uva de mesa muestran una incorporación particularmente alta de riego tecnificado”, añade Acuña. En concreto, el cerezo registra cerca de 40.000 ha bajo microrriego, principalmente mediante goteo o cinta; el avellano europeo supera las 28.000 ha con el mismo sistema, prácticamente todo por goteo; y la uva de mesa supera las 24.000 ha, también mayoritariamente por goteo”.
Cultivos bajo abrigo: más de 8.000 hectáreas de cerezo protegidas
En producción de frutas se registran 7.947 ha bajo mallas, 9.840 ha bajo techo y 1.592 ha bajo túneles. En un desglose regional destacan O’Higgins (4.012 ha bajo estructuras de protección), Valparaíso (3.980 ha), Metropolitana (3.295 ha) y Maule (3.084 ha). El cerezo concentra la mayor superficie bajo este tipo de estructuras, con 8.196 ha, principalmente bajo techo y mallas. La uva de mesa registra 4.463 ha bajo protección y los berries 2.795 ha, fundamentalmente túneles.
En producción de hortalizas, son 4.027 ha las contabilizadas bajo algún tipo de estructura de protección. La principal categoría corresponde a invernaderos con 2.412 ha, seguida por jaulas o mallas antiáfidos con 1.014 ha y túneles con 458 ha. El tomate es la principal hortaliza bajo abrigo, con 1.697 ha.
Fertilizantes especializados: ¿un mercado en plena transformación?
Siguiendo la tónica general, el mercado chileno de fertilizantes especializados también está experimentando una evolución hacia productos de mayor eficiencia y menor impacto ambiental.
“En los huertos de alta rentabilidad del país, la nutrición tradicional se ha sofisticado”, defiende la directora ejecutiva de la Asociación Nacional de Fabricantes e Importadores de Productos Fitosanitarios Agrícolas (AFIPA), Patricia Villarreal. Esto conduce a que los tipos de fertilizantes más demandados por los agricultores chilenos en la actualidad sean, según esta organización, los solubles de alta pureza (libres de cloruros y sodio) para fertirriego automatizado, seguidos muy de cerca por quelatos de micronutrientes de alta estabilidad (especialmente zinc, manganeso y hierro bajo la forma Fe-EDDHA para suelos calcáreos del norte/centro) y fertilizantes de liberación controlada (CRF) para el establecimiento de huertos modernos.
La representante de AFIPA no cree que en los próximos años se vaya a dar una desaparición de los fertilizantes convencionales. Considera, no obstante, que se va a profundizar en una “economía mixta de insumos donde el valor por hectárea crece sostenidamente”. Los fertilizantes granulados de base seguirán conservando su estatus, pero el crecimiento del mercado vendrá, fundamentalmente, de tres categorías: bioestimulantes antiestrés, microorganismos de suelo y fertilizantes solubles especializados para fertirrigación.
El gerente general de Compo Expert Chile, Willian Rojo, sí subraya, por su parte, la existencia de un cierto reemplazo de fertilizantes convencionales por otros de especialidad, “sobre todo en los frutales de mayor rentabilidad (cerezos, kiwis, avellanos o uva de mesa). Sin embargo, la complementariedad se aprecia en no pocas zonas productivas”.
“Los argumentos que mejor funcionan con el agricultor chileno (para los fertilizantes de liberación controlada) corresponden a obtener mayor eficiencia, menor lixiviación y menor contaminación de napas freáticas, que actualmente las certificadoras y mercados de exportación claramente exigen y dan un valor al campo por motivos de sostenibilidad”, señala. También menciona el “gran desafío” de conseguir que la fruta sea capaz de viajar grandes distancias y por largo tiempo. Para cerezo y uva, los grandes protagonistas son el calcio “para sostener la firmeza de la fruta en viajes de 30 a 50 días a mercados de destino”, el magnesio “para favorecer la fotosíntesis y la acumulación de materia seca”, y el potasio “para facilitar color, sólidos solubles y maduración”.
Bioinsumos: 150 millones de dólares y crecimiento acelerado
Los bioinsumos son el segmento más dinámico dentro del sector de insumos agrícolas en Chile, como respalda la directora ejecutiva de AFIPA: suman entre 120 y 150 millones de dólares, considerando todas sus variedades. En concreto, los bioestimulantes representan el crecimiento más acelerado, espoleados por “la necesidad urgente de resiliencia climática (frente a heladas tardías, olas de calor extremo y sequía prolongada) en las ventanas críticas de los frutales de exportación, además de tener un proceso de entrada comercial ligeramente más fluido que un bioplaguicida en Chile”. Tal y como apunta Villarreal, en los segmentos de productores medianos y grandes orientados a exportación (que representan la mayor parte del valor exportado en cereza y uva de mesa), el uso de bioestimulantes ya no es una novedad sino parte del programa estándar de manejo agronómico.
El mercado de insumos biológicos de Chile se reparte de la siguiente manera: un 45%-50% de bioestimulantes, cuyos componentes clave son los extractos de algas (Durvillaea antarctica, Ascophyllum nodosum), aminoácidos de origen marino o animal y ácidos húmicos/fúlvicos; los bioplaguicidas y biocontrol representan un 30%-35% del total, compuestos por cepas de Trichoderma, Bacillus subtilis y extractos botánicos (como por ejemplo, quillay); y un 15%-20% para los biofertilizantes con inoculantes bacterianos solubles y micorrizas fijadoras/solubilizadoras.
Dentro de los bioestimulantes más empleados por los agricultores chilenos, AFIPA introduce el porcentaje del 38% para los basados en algas marinas, seguidos por los aminoácidos (hidrolizados de proteínas) con un tercio de la oferta y las sustancias húmicas y fúlvicas con alrededor del 20%.
Desde la experiencia comercial de su compañía, Willian Rojo confirma esta tendencia: “Debido a la alta calidad que se exige de la fruta en los mercados de exportación, prácticamente el 100% de los productores utiliza este tipo de tecnologías. […] En el caso de Compo Expert Chile, actualmente los productos más vendidos son los bioestimulantes derivados de extractos de algas en base a Ecklonia maxima y la otra línea corresponde a enmiendas en base a ácidos húmicos y fúlvicos dirigidas al suelo.
Principales referencias del mercado
Tanto el mercado chileno de fertilizantes especializados como el de bioinsumos están tejidos como una diversa red de compañías multinacionales, distribuidoras especializadas y fabricantes nacionales.
Así, SQM (Sociedad Química y Minera de Chile) es el principal productor de nutrientes vegetales de especialidad, con marcas como Allganic, Speedfol, Qrop y Ultrasol. Anasac, la mayor empresa chilena de insumos agrícolas, tiene una fuerte presencia en bioestimulantes con productos como Martello (extracto de algas) y Release LPH (ácidos fúlvicos). Por su parte, en el apartado de grandes distribuidoras destaca Martínez y Valdivieso (M&V) con un portfolio que incluye Patagonia Biotecnología, Agroadvance, Rovensa Next y Yara, entre muchas otras marcas.
En cuanto a bioinsumos, merece la pena citar el caso de Bio Insumos Nativa, en la que invirtió sólidamente Summit Agro South America (filial de Sumitomo Corporation) en 2025 con el objetivo de iniciar su expansión global. Por su parte, NS Group Holding cuenta con una de las plantas de producción más modernas de Latinoamérica en este segmento para dar servicio a toda la región y acaba de anunciar una inversión de 8,4 millones de dólares para expandir sus instalaciones este año.
Completan el panorama otras empresas de relevancia como Bioamérica, Bayer, BASF, Gowan, FMC, Haifa Group, Tradecorp, Valagro, Koppert Biological Systems y Hello Nature, todas ellas con participación en el creciente mercado chileno de bioestimulantes.
Política pública sobre insumos biológicos y desafíos regulatorios
Hay un antes un después para los insumos biológicos en Chile con la implementación de la Ley 21.349. “Hasta hace unos años, Chile carecía de una categoría legal clara y unificada para la figura del ‘bioestimulante’, obligando a muchos productos a registrarse bajo normativas genéricas de fertilizantes o bajo la regulación de plaguicidas”, explica Patricia Villarreal. “Sin embargo, la implementación definitiva de la Ley 21.349 ha marcado un punto de inflexión al separar la nutrición de la sanidad fitosanitaria y diferencias en los tiempos de tramitación”.
Como ocurre en tantas otras regiones del mundo, los tiempos de registro para dichos insumos siguen siendo un importante obstáculo: “En el caso de un producto químico tradicional o bioplaguicida, entrar al flujo de evaluación de un ingrediente activo nuevo con fines de protección vegetal puede tomar fácilmente entre 3 a 5 años. […] En tanto, aquellos productos categorizados como biofertilizantes y bioestimulantes, el proceso es más rápido (rango de 12 a 24 meses)”.
A futuro
Desde el ODEPA prevén un “crecimiento moderado de la superficie frutícola agregada” en los próximos años que rondaría el 5%. Son más contundentes con ese aumento en las regiones del centro y el sur de Chile: “Vemos creciente interés por invertir en dichas regiones, incluso hemos observado sustitución de superficie destinada a producción de madera con bosques de pino hacia superficies de frutales, por ejemplo, avellanos”, indica Daniela Acuña. “Esto, sin duda, va acompañado de una mayor productividad dado el recambio varietal y las tecnologías de producción, especialmente enfocadas en la calidad de la fruta, ya que esto permitirá mantener la competitividad de los productores en los mercados globales”.
Desde AFIPA, Villarreal afirma que los productos orientados a la mitigación del estrés abiótico (estrés por calor, radiación UV extrema y sequía severa) experimentarán una mayor tasa de crecimiento. Y concluye: “La proyección de crecimiento para los fertilizantes especializados y los bioinsumos en Chile se mantendría en curvas de doble dígito para los próximos años”.
Fuente: NewAG international

Ganadora en la categoría Profesional: Patricia Roca 