Algunas medidas utilizadas para romper el ciclo de las plagas son: rotación de cultivos, variedades resistentes de plagas, buena sanidad, remoción de plagas y hospederos, manejo de restos de cosecha, rastrojos y semillas.

 

Utilizadas por los agricultores, las técnicas de Manejo Integrado de Plagas (MIP) han estado presentes durante siglos en los entornos agrícolas permitiendo interrumpir el ciclo de vida de muchas plagas. Su objetivo es mantener a las poblaciones de plaga bajo el nivel de daño económico, protegiendo la salud humana y el medio ambiente, a través de la prevención, la observación y la intervención. 

 

La prevención de plagas se realiza manejando el cultivo de manera de aumentar las poblaciones de enemigos naturales, disminuyendo los sitios o nichos de distintas plagas y/o disminuyendo el alimento para las plagas. Algunas herramientas utilizadas para romper el ciclo de la plaga son: rotación de cultivos, variedades resistentes de plagas, buena sanidad, remoción de plagas y hospederos, manejo de restos de cosecha, rastrojos y semillas.

También existen métodos espaciales, de secuencia y de control de material de plantación o siembra:

  • Métodos espaciales, tales como el uso de varios patrones de cultivos, espaciamiento de plantas, cultivos intercalados, cultivos en hileras, uso de cultivo trampa o intercalados con otros y manejo del hábitat.
  • Métodos secuenciales, como, por ejemplo, rotación de cultivos, cultivos múltiples, cultivos entre otros o bajo otros.
  • Control de material de plantación/siembra, como, por ejemplo, la resistencia de planta hospedera, uso de semillas y plantas libres de enfermedades, diversidad genética del cultivo, fertilización y riego apropiado, etc.

Por otra parte, la observación permite determinar qué medida tomar y cuándo tomarla. Por ello, es clave la inspección de los cultivos a intervalos regulares. Es necesario averiguar cómo crecen los cultivos, las malezas, insectos y enfermedades que están apareciendo, para llegar a una decisión en cuanto al uso de fertilizantes, control de malezas, de insectos y enfermedades y finalmente la fecha en que la cosecha debe empezar.

También se deben evaluar los enemigos naturales, ya que su presencia puede permitir que se minimice el uso de productos fitosanitarios. Se debe contar el número de plagas presentes y, frente a umbrales conocidos y el número de enemigos naturales presentes en el cultivo, se puede tomar una decisión en cuanto a las acciones apropiadas.

Finalmente, el objetivo de las medidas de intervención es reducir las poblaciones de plagas a niveles económicamente aceptables. Para ello se puede emplear control químico, biológicos, cultural, físico y genético. Entre los primeros se encuentran las sustancias orgánicas e inorgánicas que pueden ser sintéticas, organismos o derivados de organismos (biopesticidas, feromonas, aleloquímicos, reguladores de crecimiento de insectos) o provenir de recursos naturales (inorgánicos).

La intervención biológica utiliza organismos predadores, parasitoides o patógenos de plagas. Estos pueden ser introducidos directamente. La cultural, por su parte, considera medidas de manejo, tradicionales o no, que pueden ser preventivas o intervencionistas. La manera de actuar es haciendo inaceptable la planta para la plaga, adecuando el establecimiento de la planta de estación o espacio o haciendo que el cultivo sea peligroso para la plaga por los tamaños poblacionales de enemigos naturales. En esta categoría se encuentran, por ejemplo, la rotación de cultivos, los cultivos intercalados, los cultivos trampa, el uso de plantas y/o semillas certificadas, la siembra y cultivo en época adecuada, el manejo de riego y fertilización apropiados, etc.

También los manejos físicos pueden alterar las características del ambiente para manejar las poblaciones plaga. Entre estos se utilizan la destrucción de residuos de cosecha, el laboreo del suelo apropiado, las barreras físicas como invernaderos y mallas, la solarización, el manejo del nivel de humedad del suelo para manejar algunas plagas, etc.

El último tipo de intervención es el genético, a través de manejo de genes, cromosomas y sistemas reproductivos de cultivos, plagas y poblaciones benéficas. Entre ellos se encuentran la resistencia de planta hospedera, esterilización de insectos machos, mejora genética de enemigos naturales, etc.

De acuerdo a lo señalado por M. Elvira Lermanda, gerente general de Afipa, “el MIP es una combinación de sentido común y principios científicos que valora el conocimiento de los agro ecosistemas siendo una estrategia económicamente viable, en la que se combinan varios métodos de control para mantener las poblaciones de plagas bajo el umbral de daño económico”.

 

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